En cada relación subyace un intercambio subterráneo de estados de ánimo que nos lleva a percibir algunos encuentros como tóxicos y otros, en cambio, como nutritivos. Este intercambio emocional suele discurrir a un nivel tan sutil e imperceptible que la forma en que un vendedor le dé las gracias puede hacerle sentir ignorado, resentido o auténticamente bienvenido y valorado. Nosotros percibimos los sentimientos de los demás como si se tratase de una especie de virus social.
En cada encuentro que sostenemos emitimos señales emocionales y esas señales afectan a las personas que nos rodean. Cuanto más diestros somos socialmente, más control tenemos sobre las señales que emitimos; a fin de cuentas, las reglas de urbanidad son una forma de asegurarnos de que ninguna emoción desbocada dificultará nuestra relación (una regla social que, cuando afecta a las relaciones intimas,resulta sofocante). La inteligencia emocional incluye el dominio de este intercambio; «popular» y «encantador» son términos con los que solemos referirnos a las personas con quienes nos agrada estar porque sus habilidades emocionales nos hacen sentir bien. Las personas que son capaces de ayudar a los demás constituyen una mercancía social especialmente valiosa, son las personas a quienes nos dirigimos cuando tenemos una gran necesidad emocional puesto que, lo queramos o no, cada uno de nosotros forma parte del equipo de herramientas de transformación emocional con que cuentan los demás.
Javier, me comenta de tarde en tarde, como discurre su vida de "persona mayor" desde que su vida dejo de estar compartida. Trabajo, la colada, la compra, los cines y teatros, paseos, gimnasios, amigos y familia forman un conjunto de horas diseminadas a lo largo de la semana que van, o han ido, mejor dicho, adquiriendo identidad con el paso de los meses...
No se queja, pero si advierte que, ahora que ya tiene una causa social admisible para exculparse por los fallos cometidos en el tú a tú, hará un buen uso de la crisis de los cuarenta con este fin. Afortunadamente aun me falta a mi para utilizar la crisis de los cuarenta como motivo, causa y razon de fallos y fracasos. Los que me conocen bien saben que me falta aproximadamente cinco años y los que me conocen mejor saben que ese tema no se trata, que qué groseria es esa de hablar de la edad...
Ahora que me he echo al sofa, a leer de nuevo por las noches... ahora estoy con Cain de Saramago... hago hueco en la cama y pongo musica y una vela en la mesilla.. y mientras Antony desgrana canciones tremendamente tristes pero irremediablemente maravillosas yo voy retomando, haciendo, rehaciendo... continuando al fin y al cabo. Retomar amistades, hacer la compra, comprar si tener otra opinion o comprar compulsivametne ropa de cama que cambiar cada semana para darle color a la habitacion...
Y en estos dias en los que la casa huele a parafina y el horno esta a tope de solomillos gratinados, milhojas de peras con foie, intentos de lasagna y de tarta de manzana.. en estos dias en los que el invierno tiende a asentar las cosas a apaciguarlas me encuentro frente a frente con la impulsividad del momento, con esa ansia irremediable que debora todo proceso logico de la razon y lo cambia por un querer entrar en el otro hasta donde no se pueda entrar mas.
Tengo la sensacion de ser un espectador anonimo que ve desde fuera como uno se enamora y como el otro se mantiene en su linea, a la espera de que los sentimientos lleguen y que le ayuden a volverse loco, irremediablemente feliz... Pero van pasando los dias y me descubro en una situacion comoda, una situacion en la que participo pero que en ocasiones me desborda.
Quiere una boda real en un todo a cien, no es una forma de hablar lo de serme fiel. Quiere anzuelo sin sedal, quiere fiestas de guardar una vez al mes (O quizá dos)
Sobra aquí lo que yo piense sobre la verdad. Si es que hay algo para siempre, ahora ya da igual.Bienvenido a lo incoherente de querer algo en lo que no puedes creer.
Se que es enamorarse y se que esa locura transitoria, ese... estado de psicoticismo momentaneo es algo estupendo... pero... no lo siento. No sufro por amor que diria la Etxebarria... y no creo que eso sea bueno.
De pequeño
Yo quiero ser otro más pequeño
Que se atreva a hacer lo que no debo
Que le enseñe mundo a Peter Pan
Quiere ser mi decisión, para no volar, despertarme con su olor pa desayunar y aprender cómo sumar uno y uno que hacen… tres (O quizá más)
Me gustaria estar como loco de tienda en tienda rellenando bolsas de regalo y comprando papeles estupendos que da pena romper pero no lo hago... Me siento agusto en esta situación, tengo lo que quiero y el nivel de compromiso es algo que va llegando con el paso del tiempo pero la idea que me ronda y es la que mas inquietud genera es... ¿Debo dejar que esto siga hasta ver que pasa o seria justo para con el otro que pusiera sobre la mesa por donde voy? Esto ya se ha hablado, ahora lo escribo, quizas para dejar constancia o simplemente para que cumpla la funcion que este espacio de silicio tiene... el de aclararme las ideas.
¿Será que tantos años de relacion pasada me ha dejado enfermo y ahora soy un discapacitado emocional?
A fin de cuentas el ver como al otro lo "consume" la idea de estar juntos cuanto mas mejor genera mi la necesidad de acotar, de limitar, de definir la situacion y plantear parametros que hagan mas plausible la idea de continuar sin consumir la vela en una noche... Vuelvo una vez mas a Mendicutti y a sus "amores para toda la vida, que duran dos semanas"
Esta premura en los sentimientos, estas responsabilidades autoimpuestas, esta querencia por generar momentos es... y me repito... en ocasiones... es desbordante. Y ahora no, ahora no voy por ahi. Descubierto lo que es estar en casa, disfrutar de la soledad y de la autonomia de tomar decisiones por si mismo hace que me cueste trabajo casar con tomar decisiones a medias, con consensuar las tardes de los jueves o los cumpleaños de los sabados y manejarlo todo sin permitirme el lujo de sentirme responsable de dejar al otro a la espera de respuestas es algo que no me sale, quizás por aquello de la empatia o simplemente por ser no considerado sino, como dicen ahora... "un tio legal".
Continuara.





